"Mejores son dos que uno, porque tienen buen galardón por su duro trabajo. Pues si uno de ellos cae, el otro puede levantar a su socio."(Eclesiastés 4:9,10).
No basta con que uno de los dos quiera solución, ambos cónyuges deben colaborar y apoyarse.
El esposo no debe ser un dictador, ni tomar desiciones arbitrarias. No se trata de quién tiene razón o no, hay que ser razonables , flexibles, cooperadores y trabajar juntos. No podemos estar halando cada uno para su lado ni midiendo fuerzas.
El estar casados puede llegar a ser un yugo que nos este irritando si no trabajamos en equipo. Siendo colaboradores el uno con el otro, podemos solucionar casi cualquier problema y lograr mucho.
Nunca suponga que ya sabe lo que su pareja piensa o siente. Respete la dignidad de su cónyugue dándole la oportunidad de que exprese lo que siente sin interrupciones. Luego hable usted con sus propias palabras lo que entendió. Permita que le corrija si hubo algo que mal interpretó o no captó bien.
En vez de querer dominar la conversación , turnese para hablar hasta que ambos entiendan lo que piensan y sienten sobre el asunto.
Tenga humildad y paciencia para escuchar atentamente a su cónyugue y procure entender su opinión. Si lo honra de esa forma, será más probable que él o ella haga lo mismo con usted. "Debemos ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira."(Santiago 1:19)
Hable verdad, sea franco y específico al expresarle sus sentimientos. Recuerde que su objetivo al hablar un problema no es ganar una batalla ni vencer a su cónyugue, sino que este sepa lo que usted piensa y le molesta. Enfoquese en indicar cuál cree que es el problema, cuándo surge y cómo le hace sentir.
Cuando amamos y respetamos de verdad a nuestro cónyugue dejamos que este hable y nos esforzamos de corazón por entender lo que quiere decir, y no solo lo que dice.
Ningún matrimonio es perfecto, pues todos afrontan dificultades de algun tipo. Pero sean estas dificultades grandes o pequeñas, es importantísimo que busquemos cómo resolverlos.
Los disgustos y problemas sin resolver se convierten en barreras que impiden la comunicación. Solo el amor motivará a la pareja a pasar por alto errores pasados, a curar las heridas emocionales que produjeron y a centrarse en el problema para llegar a una solución.